Me acurruco, tiro mis zapatos cama abajo, me arrastro hacia la almohada sin importar si la polera se arruga o no, acomodo mis cabeza justo ahí donde la sabana está helada, pongo mis manos bajo mi cabeza y te dejo el espacio justo, que por tantos años llevo midiendo, para que te sientes a mi lado y me cuentes otra vez esa historia de ángeles de la guarda y hadas mágicas que tan sólo tu voz sabía relatar...
que mágica sensación... es tan rico cerrar los ojitos con ese acurruco y palabras que solo los GRANDES seres humanos saben dar... te quiero!
ResponderEliminar