Pero que mas da, si el asombro ya no existe y acostumbrados al tumulto habitan ( y habito más de alguna vez tambien) los que creen que no existe otra forma de vivir, ni de escuchar ni de callar. Las bocinas siguen su orquesta endemoniaca y la micro hace sus paradas desprovistas de toda expectativa mientras allá atrás suena un mp4 o perosnal stereo con un sonido bajo pero constante con melodías aveces conocidas y odiadas otras veces desconocidas pero tambien odiadas.
y el chofer para, anda, salta y aveces se estremece, la gente sube, bajo, se sienta y aveces se congela, los cafés de provi dan la impresión de burbuja entre un mar de gente y los camareros del pub de la esquina disponen las mesas y suben el volumen de otra melodía que se une a este mosaico de sonidos, letras y poco arte que suena y re-suena en satiango a las tantas horas del día y de la noche, de la mañana y sin depreciar también la tarde.
... suena santiago
allá afuera
pero de pronto,
2 puertas se abren
un piano se instala a duras penas
una quena salta al pasillo
una barba se acomoda
y
alfonsina en el mar
calla por un segundo el tumulto
para llevarnos a los pasajeros de ese entonces
al hilo de la vida
que se debate con la muerte
...
toca el piano esplendoroso
mientras la quena se oculta en la barba
santiago sonríe
las vetas del cemento
esta vez no se sienten
allá afuera
pero de pronto,
2 puertas se abren
un piano se instala a duras penas
una quena salta al pasillo
una barba se acomoda
y
alfonsina en el mar
calla por un segundo el tumulto
para llevarnos a los pasajeros de ese entonces
al hilo de la vida
que se debate con la muerte
...
toca el piano esplendoroso
mientras la quena se oculta en la barba
santiago sonríe
las vetas del cemento
esta vez no se sienten
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