Elige el asiento de siempre, porque cree que su figura creó un espacio dibujado en esas tablas roñosas que ya llevan años sintiendo su aroma. Guarda su bastón al ladito del asiento encima de un ciprés sobre un pedazo de pasto recién regado. Se sube los pantalones y muestra una pequeña linea de sus calcetines, para sentir la comodidad que la tarde guarda en ese espacio. El gorro ni se mueve y se desabrocha el botón con sutileza.
Camina y no entiende el andar de hoy en día. Sus pasos van a la mitad del resto y sigue sin entender como el pasto aguanta tantos gritos y sacudidas contra el tiempo. Camina con la bolsa de migas que recolectó durante el desayuno y la once recién servida. Su bastón y él. Los niños rien y él intenta recordar su niñez en medio de ese color de tarde que el sol despliega en cada segundo.
17:55 hrs. en el reloj. 5 minutos guardados para cualquier eventualidad. Toma su gorra gris - más por el polvo que por la textura original - se abrocha su bestón café, y se arremanga los pantalones para sintonizar con el bastón. Se para en el umbral de la puerta que ya tantos paseos a atestiguado, espera las 18:00 hrs. y se atreve a enfrentar el pasado, el presente y el ahora que se envuelven en ese paseo al parque, a ese pedazo de tierra que ya tanto años lleva recorriendo... siempre por el mismo camino, a la misma hora, con el mismo suspiro y la bolsa de miguitas para las palomas mensajeras que el cree llegan a visitar.
Relatos de tarde
Av. uno. La Florida
No hay comentarios:
Publicar un comentario