Partimos por su salud, por mis viajes, por su familia, por mi madre, por sus hijos, por mis estudios, por la iglesia y por mi bicicleta... un momento de silencio... y me anticipo a la pregunta. La respuesta siempre es la misma (y él debe de notarlo), le cuento que está desaparecido y que me cuesta ubicarlo, le cuento de su vida atareada y lo distinto que está... él solo me mira y sonrie aveces, otras tantas solo me mira con ojos cálidos, como sabiendo que ese instante es mi instante de desahogo con ya casi la única persona que conoce nuestra historia y puede juzgarnos desde ese antes hasta este hoy.
"Dile que venga, antes de que este viejo cierre los ojos"... no hice mas que mirarlo.
"cada vez que veo camionetas de la PDI, imagino que él va arriba y que algún día bajará a saludarme" (rie)... y yo sin mucha expresión en el rostro (y sí lo admito con un nivel de empatía que no puedo disimular) sólo logro pronunciar con voz entrecortada: cuando hable con el le diré que venga a verlo!. ( - omitiendo que ese "hablar" conlleva una serie de complicaciones, y que más de alguna vez he pensando lo mismo que él, y jurando que al momento de decirle correrá ante él... - )
Un par de palabras más, el sol se esconde allá atrás y el frío cuela mis huesos, hora de volver le digo... hora de despedirnos responde. El abrazo cálido de siempre que sella nuestros secretos y que me trasmite lo aguerrido de vivir, tomo la bicicleta y salgo de ese "lugar" con esa sensación de haber pisado un terreno frágil, conocido pero frágil.
Y hoy, justo con este día nublado y frio, de chocolates y estufa, no dejo de pensar en esta historia, en todo y nada de lo que ha pasado, en ese Don Luis aún preguntando por un "nosotros" y en tu y yo viviendo cada uno en mundos TAN distintos que ni siquiera calzan en un mensaje tras 2 meses. Y me canso aveces al tratar de encontrarle las patas a esta historia, y otras tantas me digo que más da si lo hecho ya no se ha de cambiar.
Al menos sé que ante mi frágil memoria, existe el "viejo", recordándome detalles que juro por Dios aveces olvido tan frecuentemente... quizá sea bueno, quizá no... sólo sé que es mi pasaje al flaco cada vez que las ganas de saberme ante la fe me inundan el cuerpo y como no... el corazón.
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