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Si las cosas fueran fáciles, no existiría la fe.Y llegué al Cristo, a los pies del flaco. Hace mucho que no lo pasaba a visitar y mi guata hoy no dejó que las excusas fueran más fuertes. Caminé lento, a pesar del frío de mis manos, hasta ese "lugar" donde tan bien me siento, donde logro conectarme con esa "magia" que sé habita en mí y que tiene tanto de ti.
Me senté donde siempre, piernas a lo indio, manos cruzadas en las piernas, ojos mirando al cielo, atrás la ciudad, adelante la fe.
Algo había nuevo... una oración de San Ignacio... titulo: "Señor, tu me conoces". La leí en voz baja mientras las palomas volaban allá a lo lejos. No alcancé a llegar a la última línea y ya las lágrimas inundaron mi cara. Palabras perfectas, para la ocación perfecta.
Te confesé mis miedos, mis anhelos, mis sueños, más de alguna vez lo dificil que se me hacen estos dias, mis ganas de "trabajar", por todo aquello en lo que creo, mis ganas de "volar" y crecer en otras tierras, mis ganas y deseos de que todo fuera más simple... y tu ahí, frente a mi, mostrandome tu simpleza, enseñándome historias y ayudandome a recordar misterios de la vida.
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"Enséñame.... enseñame a entender lo que a mis 23 años quieres para mi... "
......
Camine a casa, esta vez con un paso más rápido, pase por mi ex colegio, por la casa de la señora que hace un tiempo atrás encuesté... y sentí (o pude verbalizar tal vez el sentimiento de hace días) que de estos lugares ya no quiero ser más parte... y sonreí al darme cuenta de mis ganas de emprender el vuelo y de esa sensación de saber que, ahora o en un tiempo más, un nuevo lugar espera por mi pies, por mi cuerpo y por mis sueños, esos sueños que sé muchas veces no se logran explicar.
Si las cosas fueran fáciles, no existiría la fe.
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