a flor de piel

a flor de piel

notas sobre la muerte

Todo muere, mis células, mi piel, mis telas, mis huellas, mis palabras, mis sentidos, mis entonaciones, mis promesas. Todo acaba y en ese vaivén entre lo nuevo y lo viejo siempre existe una instancia de suspenso, de intriga, que señala el cierre de un proceso, el límite de un deseo, el hábil sentido en aquello que llaman muerte. Todo muere, las flores, los frutos, la madera, los amantes, la tinta de mi lápiz... Todo muere y vive. Y ese tránsito es el que hoy comprendo. No hay vida sin muerte, ni muerte que no haya sido vida, pues la muerte no es más que un paso en un ciclo mayor, no es más que un medio hacia un objetivo mayor. Y mi células mueren, luego de haber dado vida, y mi piel muere luego de haberme cubierto de frías noches, y mis huellas mueren luego de haber transitado mis sueños, y mis palabras mueren luego de haber creado realidades, y mis sentidos mueren luego de haberlos devastados, y mis entonaciones mueren luego de haber gritado lo que siento, y mis promesas mueren luego de haber dejado esperanza. Hasta lo hermoso de la flor muere para dar paso al fruto, y la madera para dar paso a la regeneración de la especie, y los amantes para dar espacios a los nuevos complementos, y la tinta de mi lápiz para dejar de escribir y comenzar a reclamar... Y es que el ciclo muerte/vida/muerte, hoy cala mi cabeza y mis huesos, me hace debatir cada vez que camino y llegar siempre a la misma conclusión: - en que momento nos enseñaron a temerla a la muerte, en que momento significaron la muerte como lo malo, como lo no-deseado, como lo temido, si todo en mi cuerpo danza a ese paso, si todo en la tierra posee su ciclo, si todo lo que huelo, toco y siento transitó de la nada al todo y del todo a la nada. Decir que no te temo de pronto me hace sentido, más aún cuando logro leer señales de mi cuerpo que hablan de ello, cada día, cada mes, cada cierto tiempo, cada un siempre y cada un nunca - (que tiene tanto de siempre)

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