Con el color rojo en mi mano, mientras el el verde espera en la cama, trazo una raya firme y cargada que rellena espacios externos del mandala, 3 puntas partidas son la consecuencia, el rojo poco a poco cumple su efecto.
Capa media, el color se suaviza, sigue siendo rojo pero mis ojos se pasean por el verde. Formas raras, inconexas entre ellas, de vez en cuando me abstraigo y sinceramento pienso: esto no tiene sentido... silencio... no tiene sentido estético claro está (basta comparlo con otros the real mandalas) pero ¡qué sentido cargan esas figuras cerradas volando en el papel! si pienso mi vida, en cada trazo que doy.
Capa interna, (me dijieron una vez que el mandala se pinta de afuera hacia adentro)... llegué, llegué al "adentro"... el rojo se despide, en mi mano dos verdes cautos. Primera trazo... no hay un primero ni un segundo, todo de disuelve... son un solo color con diversos matices, el verde avaces cambia pero no hay lineas que lo corten...
No lo termino... el calor que siento en la cara me hace ir al baño y mojarme la cara, me miro en el espejo... mis cachetes rojos parecen haber movido un millar energia... me miro en el espejo y no dejo de pensar: soy un enorme capullo de trazos que parecen fuertes y precisos, una capa de color intenso que se resiste a lo sutil y lo novedoso... pero un punto más allá, tan solo un trazo más y mi intensidad baja, lo suave aparece desprovisto, indefenso, casi vulnerable.
En este instante no dejo de cuestionarme ¿en que momento forje ese capullo?
Cosas que nos mantienen despiertos... Hermosas tus palabras.
ResponderEliminarUn abrazo!